Carpio Tattoos

Entrevista a Robin Carpio por “La Casa del Tatuador” 2a parte.

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Mi primer máquina de bobinas

A partir de mis experiencias pasadas, y después de haber juntado algo de dinero en el tiempo que me dedicaba a tatuar chicas “teiboleras”, me compré mi primer máquina de bobinas con Alfredo Mata por medio de un amigo, así como tintas “National“.

Estaba muy emocionado de tener una máquina de bobinas como en las revistas.

 

 

Estaba listo para probar suerte en el D.F. La primera vez que visitaba la capital fue en 1998 a una Expo con grandes tatuadores.

Mi trabajo cambió al ver trabajar a Paul Wood.

Desde donde estaba, me la pasé en ese stand y aprendí muchísimo solo de ver. Ya después notaba que, aun con el equipo limitado, las sombras me quedaban cada vez mejor.

Al primer lugar al que llegué fue Tatuajes México. Me acerqué a el “Gabo” para verlo tatuar, me daba consejos nos hicimos amigos y me permitía preguntarle y me explicaba todo su proceso.

Admiraba mucho el trabajo de el “Gabo” porque fue el primero que vi que hacía espaldas completas, brazos completos.

 

En ese tiempo sí erar raro ver alguien que hiciera ese trabajo. Me gustaba verlo trabajar, en especial para trabajos grandes. Regresé a Tabasco y cuando volví a Tatuajes México, me encontré con la sorpresa de que ya no trabajaba ahí.

 

Primer trabajo en la ciudad de México

Llegué a Plaza Galerías a “Tattoo Manía” y tuve la fortuna de que se acababa de salir una persona por diferencias con el dueño, así que me pidieron hacer mi prueba. Hice unas calaveras y le gustó a Gerardo, eso por el año 1999. Gracias a el “Don” pude conseguir mi equipo completo, básico, pero ya podía trabajar bien gracias a que me permitió pagarlo en abonos sin conocerme.

Realmente mi primer cliente oficial ya de manera profesional fue en Tattoo Manía.

 

Sentí que no iba a llegar muy lejos, porque sí hacía trabajos pero eran tatuajes pequeños.

Quería seguir aprendiendo y practicar más.

Muchos tatuadores se estaban yendo a Cancún, así que decidimos irnos para allá. Llegamos a un lugar que no era un estudio formal, no tenía siquiera mobiliario. Me di cuenta que no había realmente trabajo, ya que muchos hacían tatuajes de hena para conocer chicas “spring breakers“, pero yo sí quería trabajar.

No tenía ni tiempo ni dinero para cotorrear, tenía que chambear.

Entonces fue que conocía Luis Quintero y me fuí a Cozumel. Después me regresé al D.F. y el “Foco” me invitó a Guadalajara, pensando yo en conseguir mucho dinero como había escuchado que lo hacía el “Sammy” (risas). Llegamos a un local que estaba dividido y compartido con una tienda de ropa. Nos estaba yendo muy bien pero surgió la oportunidad de ir a Puerto Vallarta y nos fuimos de vacaciones y me quedé tatuando.

 

Gamas de colores más amplias

En el 2001, fue la Expo de Guadalajara. Yo tenía muchas ganas de concursar. El que ganó el primer lugar en grises fue el “Piraña”. Lo curioso es que él era juez, y no me gustó esa decisión. Cuando eres jóven te enojas por cualquier cosa, así que proyecté todo mi rencor en eso. El “Chacal” utilizó eso a su favor y me hizo una entrevista para la revista de “Tatuarte”. Lo que quería era mencionar todo lo negativo de la situación, en realidad no le interesaba en sí la injusticia. Se mencionó que en las expos ya no les interesa el arte.

Casi no había gente que hiciera realismo aquí en México.

Los primeros trabajos que vi de realismo fueron hechos por el “Rolo”, entre otros, pero lo hacían en negro y gris, con sombras muy básicas y tenues.

Se veía bonito, pero con el tiempo se llegaban a perder. Ya después se empezaron a usar gamas 3RL y con 24 colores de Star brite.

Comencé a tatuar a varios practicando mucho el color, inspirándome en el trabajo de otros que complementaban sus sombras con ciertos matices y ciertas contraluces.

Veía trabajos de realismo y la vida marina de otros tatuadores. En ese tiempo era temporada baja y tatuaba gratis para no aburrirme.

Para mi el acto de tatuar en sí, es una terapia, un estado meditativo donde te olvidas de todo.

 

Te olvidas del tiempo y el espacio.

Simplemente eres tú con el cliente y la imágen. Me gustaba mucho tatuar, la verdad no me gustaba llegar a antros.

La manera en que libero mi dopamina siempre ha sido tatuando. Cuando era temporada baja yo seguía tatuando aunque sea gratis, sino no me hallaba, me desesperaba o me aburría.

A pesar de estar en la playa, si no tatuaba, me aburría muy rápido.

 

A base de practicar y estar tatuando constantemente fue que mi nivel volvió a subir.