Carpio Tattoos

Entrevista a Robin Carpio por “La Casa del Tatuador” 1a parte.

entrevista robin carpio en la casa del tatuador

Agradezco mucho esta entrevista porque es una manera de dejar un legado a las siguientes generaciones.

Es muy importante porque a nosotros no nos tocaron tanto las redes sociales ni se documentaron tanto las cosas como ahora se pueden hacer, era una época mas de revistas.

Si puedo aportar un granito de arena con esto y si en algo les puede servir tanto en lo que se debe hacer como en lo que no se debe hacer con mucho gusto para eso estamos.

Mi nombre es Robin Javier Lievano Carpio, nací en 1975 en Tabasco.

 

Orígenes de Robin Carpio

Mis primeras experiencias de un tatuaje es ver al personaje “Don Ramón” en el chavo del 8.

Después a un pandillero del barrio que estaba tatuado completamente.

A pesar de que eran tatuajes muy básicos, muy “carceleros“, tenía buenas sombras que no cualquiera hacía en ese tiempo a principios de los 80’s.

Muy seguido lo metían a la carcel y salía con tatuajes nuevos que me admiraba que tuvieran cierta dimensión, no como los de ahora pero si sorprendían porque en esa época no se veían esos trabajos.

Después vi la película “El Apando“, donde sale un tipo moviendo la panza con un tatuaje, ahí también como que me llamó la atención, sobre todo la cuestión visual, donde un tatuaje no solo es una cuestión decorativa, sino que con cierto movimiento tú también le puedes dar otra visual.

Siento que el destino te va dando mensajes desde chico, uno al principio no lo entiende, pero son mensajes que se te van quedando.

Curiosamente en cada película que veía, donde salían tatuajes son las que más me llamaban la atención y de las que más me acordaba.

Al principio de los 90s, me llamaron la atención los tatuajes del “Vampiro Canadiense“, el cual tenía sus tatuajes más estéticamente acomodados, especialmente un dragón, que resaltaba más por sus colores y que su piel era muy blanca.

Me llamaba más aún la atención los tatuajes pero no lo veía como algo a lo que me quisiera dedicar más adelante, ya que no pensaba que pudiera ser una carrera.

Había pocos que tenían estilo propia y hacían proyectos grandes como Filip Leu, Adrian Lee, Paco Excel, etc.

Nos tocó una época que no era comercial, sino la convivencia de punks con punks, metaleros con metaleros, cholos con cholos, skatos con skatos.

 

Primeros tatuajes

Mi primer tatuaje lo hice el 31 de enero de 1993, con una máquina que me regalo un camarada que tocaba en una banda llamada “Marca Registrada” en Minatitlán Veracruz.

La razón por la que me fuí a Minatitlán Veracruz fue que tuve una diferencia con mi jefe, tu sabes, te corren y tienes que buscarle.

Lo primero que hice fue ir con mis hermanos. Ellos vendían artículos para el hogar en abonos, así que me iba en la bicicleta a cobrar y de esa manera fue que conocí al “Nacho“.

En ese tiempo yo era muy metalero, buscaba a Ángeles del Infierno, Sepultura, Guns and Roses, Metallica, Slayer.

Pasé por una casa donde tenían sonando a Ángeles del Infierno y me llamó la atención. Me acerqué y toqué y salió “Nacho”. Le pregunté: “Apoco te gusta esa música?”. Contestó: “Si !”. Comenzamos a cotorrear y agarrarnos confianza.

El vato estaba tatuado con calaveras, un Slash, un Eddie de Iron Maiden y dibujos de portadas de discos metaleros.

Le enseñé mis dibujos, que eran influencias de discos de metal y artistas como Frank Frazetta, Boris Vallejo, Robert Howard o Luis Royo.

Él fue quien me dio mi primer máquina de tatuar que tenía de un amigo suyo de Cancún.

A los 17 años, entré a una escuela de artes, donde conocí las técnicas del Prisma Color, Acuarela, Óleo y Pastel, ya que desde que tenía 4 años me gustaba dibujar copiando las revistas del Santo, Kaliman o incluso la Familia Burrón, así que no tenía noción mas que de gráficos de pura línea con un poco de achurado. En la escuela de artes aprendí cómo dar más volumen y textura.

 

El “Boom” del Tatuaje

A partir de ahí, cuando comencé a tatuar, se me hizo frustrante por el equipo limitado y las tintas de ese tiempo.

Tenía que hacer todo básico, que se veía bien, pero no le podía dar tanto el efecto que quería darle a los tatuajes como en la pintura o el dibujo.

Es por esa razón que no vi el tatuaje como algo a lo que me quería dedicar, especialmente por la limitación del mercado, la gente lo veía mal, incluso la policía te quitaba tus cosas y no era tan “cool”, sino marginal y tenías que esconderte.

Fue gracias al “boom” del tatuaje cuando personajes como el “Piraña” tatuaba figuras públicas y el “Chakal” salió con Shanik cuando se hizo más comercial y la gente comenzó a pedir más.

Comencé con líneas sencillas y achurado.

Eso fue antes de que entrara en México la revista “Tattoo Internacional“, y ahí fue que me di cuenta que se podía tatuar de otra manera. Vi trabajos con más dimensión, contraste y uso correcto de colores, pero mi equipo seguía siendo limitado.

Lo que hice a partir de ahí fueron dos cosas: Practicar y buscar la manera de conseguir mejor equipo.

 

Tiempos de escasez

En Tabasco había dos tatuadores (El “Sadi” y el “Gamo“), pero la verdad eran muy celosos, no te decían nada a pesar de pedirles algun consejo. Más bien te sugerían dejarlo con la clásica de “mejor dedícate a otra cosa“.

En ese tiempo había una energía de escasez en la banda, nadie te quería decir nada.

Incluso si querías ser “chalán”, muchos te agarraban de sirvienta (“chacha”) o de mandadero. Está bien limpiar y todo, pero a la vez que te enseñen, pero cuando nomás te agarran de eso y no te explican nada si se nota que tienen otra intención, la de tener un empleado sin sueldo.

Lo que te quedaba era experimentar y echar a perder pieles. Afortunadamente, la banda con la que uno convivía tampoco sabían mucho la cuestión artística o estética del tatuaje y solo querían estar tatuados, por lo que no eran muy exigentes en ese aspecto, por lo que te daban el chance de poder practicar.

Al principio intercambiaba mis trabajos por chamarras, CDs, botas, ya que lo importante en ese tiempo era practicar.

 

La vida te da una lección

Comencé a ir a ferias, pero donde ví que comenzó a haber mercado fue con las teiboleras, que en ese tiempo comenzaron a tatuarse mucho. Ganaban bien y uno a los 20 años quería cotorrear, por lo que duré un tiempo en eso, pero sentí que me estanqué un poco en esas fechas comparando con lo que hacía en 1993 y 1994. Quería practicar, pero llegó un momento que lo hacía más para conseguir algo que por el verdadero “amor al arte”.

La vida terminó dandome una lección,

En Minatitlán, a los teibols que iba como “El diamante” o el “Samantha’s” a tatuar a las chicas, también llegaba un chavo gordo que le decían “Olmos” y les vendía tangas, pero tambien “coca”, y yo por ahorrarme el “rait” me empecé a juntar con él porque sabía que andaba en todos los “teibols”, y una vez lo agarró la policía y nos pusieron una golpiza.

Afortunadamente dijo que yo no tenía nada que ver con lo que él hacía y se tiró la bronca él solo y lo encerraron por muchos años.

A mí me soltaron pero me quitaron las cosas.

Esa vez si escarmenté porque no estaba acostumbrado a que me golpeara la policía como a otra banda. Hubo una introspección y hablando conmigo mismo analicé mis errores, donde me di cuenta que empecé bien, pero luego ya estaba usando el tatuaje como un medio para lograr un fin y la vida terminó dándome una lección.

La vida siempre te va a poner en tu lugar, eso es una ley y de eso nadie se escapa.